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Apoyo Educativo y Emocional

Más que clases particulares

El fracaso escolar o un bajo rendimiento no necesariamente significa que estudia poco, que es un vago o que no atiende en clase; suele tener otros motivos detras: falta de motivación, inseguridades, ansiedad ante los exámenes, frustración, estilos de enseñanza inadecuados,... que además de ocasionar problemas escolares suelen afectar negativamente al ambiente familiar. Si no logramos atajar todos estos problemas emocionales difícilmente podremos mejorar el rendimiento escolar.

El apoyo escolar ha de ser un conjunto de técnicas para un mejor control emocional y explicaciones y material de estudio adaptado a su estilo/forma preferente de aprendizaje.

¿Sabes que hay diferentes estilos de aprendizaje?

Desde hace décadas los expertos han venido estudiando cómo funciona nuestra memoria y cómo esta influye en la manera en la que aprendemos.

Si te hablan de estudiar ¿te imaginas sentado ante un libro memorizando? no tiene porqué ser así: hay personas que aprenden más facilmente mediante imágenes, otras necesitan estímulos auditivos, en ocasiones la manera de aprender es haciendo...

La psicología reconoce más de 12 estilos y el reto es identificarlos primero para poder elaborar materiales adaptados a cada uno de ellos, de manera que se potencie el aprendizaje. De esta manera no sólo aumenta la motivación sino que disminuyen las inseguridades y la frustración y se incrementa la autoestima.

¿Cómo afectan las emociones?

La emociones nos afectan en todos los ámbitos de nuestra vida: en un momento en el que estés especialmente enfadado, triste o preocupado ¿Es más complicado prestar atención? ¿Cuesta más memorizar? Las emociones son fundamentales a la hora de la escucha y de adquirir y retener conocimientos; si no las comprendemos, no podremos controlarlas.

¿Sabes que el cerebro de un niño está en permanente crecimiento y alcanza su mayor tamaño en la adolescencia temprana? Es un cerebro con gran capacidad de aprendizaje, gracias a su plasticidad, pero también más susceptible al estrés que, junto a los cambios físicos, emocionales y sociales de la adolescencia, puede hacerlo más proclive a desarrollar ansiedad y depresión.